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sábado, 4 de octubre de 2008

Soundgarden: Superunknown.

Soundgarden: Superunknown.



Pese a lo que mucha gente suele pensar en los noventa se hizo mucha buena música. Hoy me ha dado la ventolera de rescatar uno de los albumes más estupendos de la década, Superunknown, de Soundgarden. Aunque es su disco más vendido seguro que más de uno no lo conoce, así que vamos a la carga.
La trayectoria de Soundgarden comenzó en los años 80 del pasado siglo y mantuvo una calidad ascendiente que alcanzó su punto álgido en 1994, con este disco. Venían de Seattle y eran uno de los grupos fundacionales del movimiento grunge, que gracias a Nirvana lo estaba petando en aquél momento. Pero no nos quedemos en la anécdota, profundizemos en la enfermiza máquina de riffs, canciones y emociones que nos ofrecen Soundgarden.
Eran la banda más heavy del grunge, con una influencia de Led Zeppelin muy marcada, sobre todo en sus inicios, y la alargada sombra de Black Sabbath es patente en cuanto oyes las guitarras del grupo. Poco a poco el grupo va asimilando sus influencias e integrándolas en su propio sonido, siendo Badmotorfinger el album más conseguido de su etapa metalera (por llamarla de algún modo). Después vino este Superunknown y ya se ganaron un lugar en el olimpo del rock. Tampoco es que hicieran gran cosa después, pero que les quiten lo bailao.
Superunknown es un disco oscuro, denso, lleno de los retorcidos riffs de Kim Thayil, apuntalado por una sección rítmica contundente y precisa y marcado a fuego por la impresionante voz de un pletórico Chris Cornell. Uno de mis cantantes favoritos. La voz de este hombre es un milagro de la naturaleza. Que maravilla. Profunda, rasgada, con un ligero toque nasal y una gran amplitud de registros. Una acusada personalidad y una notable capacidad técnica se conjugan para darnos una de las mejores voces que pueden oírse. Y aquí lo tenemos en uno de sus mejores momentos. Pasajes intrincados, compases raros, influencia oriental (Thayil es de origen hindú) y como ya he señalado, esa voz y esos riffs, son los ingredientes de un disco que se configura como un escaparate de emociones complejas y tortuosas. Generoso en minutaje (dieciséis canciones señores, he tenido que dividirlo en dos partes para hacer la subida más cómoda) con una atmósfera entre introspectiva y agobiante, Superunknown es un disco un tanto difícil. Es oscuro y potente, transmite una rabia y una desesperación lentas, calmadas. Pero es a la vez uno de esos discos coherentes, perfectamente hilados, rico en emociones y sonidos cautivadores. Triste y oscuro, sí, pero hipnótico, terriblemente bello.
Un clásico de los noventa. Para escuchar del tirón aunque al principio pueda parecer demasiado negativo, caótico.Denle una oportunidad y les atrapará.