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miércoles, 25 de marzo de 2009

Jimmy Eat World_ Bleed American

Jimmy Eat World_ Bleed American.
Calidad de compresión: 400 kbps.






Juas, juas. No sé cómo escribir esta entrada con cierta seriedad. Es que uno intenta informarse acerca de este disco y se despiporra con lo que lee. No os lo perdáis chavales, hoy traemos un disco de.... ¡emocore! Sí, has leído bien. Emocore. Jódete y baila. No hombre, no dejes de leer éste blog ni nos borres de favoritos, que lees la palabra emo y ya empiezas a mover nerviosamente el ratón. Esto no tiene nada que ver con Tokio Hotel y esas cosas. No es tan grave el tema hombre. Que sí, que es buena música lo que traemos en las alforjas. Pegale una escuchada y verás que no hay para tanto. Más se perdió en Cuba y volvían cantando.



Bueno, ahora ya hemos conseguido atarte a la silla para que no puedas asomarte a la ventana y disparar la carabina contra todo emo, pseudogótico, individuo de evidente mundo interior atormentado o simplemente cualquiera que combine el negro y el rosa como manifestación de independencia ante un mundo que no le comprende (y ni ganas que tiene de hacerlo). Ahora toca convencerte de que no vas a convertirte en una de las mariquíllas anteriormente descritas por escuchar este disco. Pero es así. Es más, cabe la posibilidad de que te sientas moderadamente realizado haciendo el imbécil al ritmo de temazos como If you don't, don't o The authority song. Es lo que me pasa a mi y al resto de la pandilla de impresentables que perpetramos este blog y les aseguro que no es fácil ponernos de acuerdo en nada que no incluya a Pilar Rubio en ropa interior.



Bleed American, publicado originalmente con el nombre del grupo, Jimmmy Eat World, como título, es uno de esos raros discos que consiguen el consenso de gustos y sensibilidades muy diferentes, el de vuestros humildes servidores por ejemplo. Y es que es un disco que camina por la delgada línea que separa radiofórmula y rock alternativo (vale, reconozco que ahora sí me estoy descojonando) resolviendo con maestría el dilema entre comercialidad y autenticidad (esa que demasiadas veces es impostada) a través de unas canciones de fácil escucha, rápida asimilación, pero jugosas, tremendamente jugosas. Un disco de largo recorrido que entra desde la primera escucha. Algo que no se encuentra tan fácilmente hoy en día.

Canciones pegadizas, guitarras directas, pasajes intimistas, voces armoniosas, baladas redondas... un clásico de nuestro tiempo.

P.D.: nos deben, nos debemos, un concierto con estos chavales.

martes, 7 de octubre de 2008

Cuando Jimmy Eat World fueron Jimmy Eat Floor.




Coitus interruptus.


Esta entrada se la voy a dedicar a mis sufridos compañeros de redacción que se hallan perdidos por esos mundos de dios y no encuentran tiempo para pasearse por la blogosfera. El uno anda medio incomunicado y sin internet, otro tiene que salvar el mundo (no es broma) y otro... otro... bueno, Flugor es especial.
Con esta entrada podemos dar por iniciada la sección historias de abuelo cebolleta, ya veréis que rico. Una de esas anécdotas totalmente insulsas que te cuentan con pelos y señales (totalmente innecesarios faltaría más) mientras tu pones cara de circunstancias y piensas: "¿por qué yo? ¿por qué a mi?" Pues una de esas.
Todo esto viene a que llevo algún tiempo navegando por una estupenda página web, http://www.fabchannel.com/ cuyo contenido son exclusivamente conciertos musicales (no redundo listos, también hay conciertos de otras clases) y me he encontrado con una estupenda actuación de Jimmy Eat World. Me ha entrado la nostalgia pensando en nuestro único concierto de este grupo.
Veréis sufridos lectores, corría el año... 2005, creo, cuando algunos amiguetes decidimos tirar pa' Madrid a ver a Green Day. Presentaban American Idiot, un discazo ya que surge el tema, y nos liamos la manta a la cabeza y decidimos bajar a la capital. La guinda vino cuando al poco de coger las entradas nos enteramos de que se traían a Jimmy Eat World de teloneros. De Jimmy sólo habíamos oído un disco, Bleed American, pero lo habíamos oído hasta la saciedad, porque era una obra maestra de ese rock fronterizo con el pop, ese de melodías redondas y estribillos pegadizos. Nos encantaba, y si no habíamos escuchado más del grupo era porque temíamos que no estuviese a la altura de un disco tan superlativo, como bien supo expresar Tristán en una conversación de la que seguro que ya no se acuerda. El caso es que la ocasión se presentaba que ni pintada. Dos grupazos cuando esperábamos
ver sólo a uno... relamiéndose estaba un servidor.
Ya en el concierto nos tocó sufrir una decepción de las buenas, de las que si uno fuera una treceañera a las puertas de un concierto de Tokio Hotel hubiese terminado en berrinche y corte de venas sí o sí. Salen los Jimmy Eat World (joer con el nombrecito, había uno más largo pero me lo agencié yo de nick) y suenan apabullantes, comiéndose el escenario desde el primer momento, dándolo todo como mandan los cánones. No conocíamos la canción que abrió la noche, pero casi mejor, porque así pudimos testar el estado de forma y el sonido de la banda de forma más ecuánime (objetiva esquimal, no me seas pedante). Lo dicho, primer tema y el sonido claro, nítido, todos los matices se hacían evidentes, la banda se mostraba enérgica y su cantante se lo creía, no jugaba a las poses, tocaba con sentimiento. Con semejante percal, cuando la segunda canción estalló dirigida con un potente bajo, nosotros ya nos desmelenábamos, era un temazo perteneciente a Bleed American, sonaba sublime y ellos parecían inspirados... al menos en los primeros compases, porque de repente su guitarrista se acercó al foso que separaba populacho de jóvenes aspirantes a estrellas del rock y... se cayó de bruces. Y adiós conciertazo de jimmy Eat World. Cara de póker para banda y público, un coitus interruptus en toda regla. Luego vendría Green Day y se nos olvidaría el cubo de agua fría que acabábamos de recibir, pero... ¡menuda oportunidad perdida!
Así que, para vosotros que os quedásteis a medias como yo, aquí tenéis un concierto de jimmy Eat World, para verlo mientras pensáis: "¿por qué yo? ¿por qué a mí?"