Mostrando entradas con la etiqueta Ry Cooder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ry Cooder. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2009

John Hiatt_ Bring the family.

John Hiatt_ Bring the family.
Calidad de compresión: 320 kbps.




DESCARGAR DISCO



Haces unos días el señor 61 y 49 me daba un merecido tirón de orejas por no actualizar con la debida presteza. Habrá que hacer caso a este prohombre de la cultura pop de nuestro país, que tanto ha hecho por descontaminarnos de música eurovisiva y canción del verano y tantas tardes nos ha tenido entretenidos dándonos la excusa perfecta para vaguear frente al ordenador, en lugar de ocupar el tiempo en cosas productivas.

El caso es que hace ya algún tiempo que me rondaba la idea de subir este disco: Bring the family del imprescindible John Hiatt.

El bueno de John llevaba una temporada hundido, el suicidio de su mujer y su adicción al alcohol le habían dejado tocado, pero poco a poco fue encarando sus problemas. Combatió su adicción, encontró un nuevo amor y grabo este disco, así que, chicos, ¡tres hurras por John Hiatt!
Los de su discográfica le permitieron elegir los músicos que le diera la gana para el álbum, supongo que para que dejase de darles la caca. Ser tan plomo tiene sus ventajas a veces y cuando te permiten tocar con Jim Keltner, Nick Lowe y, agarrate que viene curva, Ry Cooder, ni te cuento.

Con estas, John Hiatt y sus tres mosqueteros se fueron a Los Ángeles y estuvieron grabando los días 17, 18, 19 y 20 de febrero de 1987 la obra maestra que hoy vengo a serviros en bandeja. Los rumores dicen que encima les sobró tiempo para desplumar a Nick Lowe jugando al póker mientras se tomaban una cervecita. Cuando se pregunta a los implicados rehuyen toda respuesta, aunque alguno ha dejado escapar una sonrisilla delatora. Lowe, todo un caballero británico, se limita a matizar que él toma té, no cerveza, pero ni confirma ni desmiente la historia.

El resultado de esos intensos cuatro días de grabación es un disco magnífico. Canciones reducidas a su mínima expresión, con una instrumentación parca y seca, tan elocuente por las notas que suenan como por las que no. Y es que en este álbum el silencio es un instrumento más. Un puñado de canciones polvorientas que susurran historias de dolor y redención. El slide de Ry Cooder pone los pelos de punta, mientras que la batería de Keltner y el bajo de Lowe, van perfilando las canciones con discreción, solidez y elegancia. Un conjunto rematado por la guitarra acústica de Hiatt, a veces lánguida, a veces firme, y sobrevolado por su voz angustiada, rebelde, genuinamente desgarrada. El conjunto da vida unas canciones que casi se parecen al típico personaje de película, ese de pocas palabras, pero que en su mirada se adivina que ha vivido mucho.
Si yo no he conseguido convenceros de que no podéis dejar escapar este discazo echad un vistazo al artículo que le dedicó Rockland que merece la pena.
El vídeo de rigor es bastante obvio, nada más y nada menos que la mejor canción de Bring the family, la portentosa Have a little faith in me. Si no os gusta no pasa nada, siempre podéis escuchar Hannah Montana en vuestro ipod, o algo.





jueves, 16 de octubre de 2008

Ali Farka Toure with Ry Cooder: Talking Timbuktu.

Ali Farka Toure with Ry Cooder: Talking Timbuktu.



Por curiosas coincidencias de la vida compré este disco el mismo mes, puede que incluso la misma semana, en que murió su autor, Ali Farka Toure, sin embargo, no supe de su fallecimiento hasta varios meses después. Fue entonces cuando me dí cuenta de que me había iniciado en su música al tiempo que él dejaba este mundo.

Anécdotas fúnebres aparte, la música de este hombre me llamó la atención a partir de una reseña periodística, o un libro o algo así, y me compré el disco a ciegas. Bueno, a ciegas no, el nombre de Ry Cooder figura en la portada y eso es lo que yo llamo una inversión segura. Cooder es un músico todoterreno (además de un individuo muy vivído) cuya carrera brilla por la disparidad estilística de las músicas que ha tocado y por la calidad que rezuma todo proyecto en el que él meta las narices. Y éste no iba a ser menos. Algún día habrá que dedicar una entrada (o un libro si total...) al bueno de Cooder, hoy nos centraremos en el trabajo que grabó con el músico africano Ali Farka Toure.

Farka Toure pertenece a una generación de músicos africanos descubiertos por el público occidental gracias a la llamada world music o múscias del mundo, bueno, la típica etiqueta cajón de sastre para agrupar toda la música que no provenía exactamente de Occidente. El caso es que fueron muchos los que descubrieron fascinados la existencia de artistas africanos que hacían música blues ¡sin haber oído en su vida blues americano! (¡jo! que ilusión me hacía poner en una entrada una frase entre signos de admiración sin venir para nada a cuento, me hace sentir como un redactor de la Super Pop, ahí es nada). El debate entre los musicólogos estaba servido. La teoría de que el blues se generó en África y llegó a las plantaciones de algodón americanas intacto encontraba un nuevo y potente argumento. Otros especialistas creían que no era posible, en estos tiempos de globalización y mundialización, que estos músicos africanos no hubieran escuchado a sus homólogos americanos, useasé, el BB. King y demás maravillas. Vamos, que unos sostienen que el blues surge de los ritmos tribales de África, y otros que es una evolución de éstos desarrollada en las plantaciones de Estados Unidos. Dejemos el debate para antropólogos, arqueólogos, musicólogos y demás especialistas y centrémonos en la música (aunque ya podía aprender mi profesor de arqueología, esto son debates y no lo que hacemos con él en clase...).

Talking Timbuktu fue grabado a mediados de los años 90 en la granja de Cooder, en California. Tras sortear algunas dificultades (Farka Toure estaba poseído por un djinn, un genio para que nos entendamos los infieles, que le puteaba todo el día e hizo la grabación bastante ardua) consiguieron dar a luz un disco de lo más cautivador. La combinación de instrumentos tradicionales de Malí y la guitarra de Cooder, potenciados por la meticulosa producción de éste, dan lugar a un trabajo seco, intimísta, de sonido tan exótico como parco. No entra a la primera escucha pero sus cadencias te van atrapando poco a poco, te transportan a otros lugares, probablemente a Timbuktu. Ritmos pausados e insistentes que van agarrándote poquito a poquito, sin que te des cuenta... exactamente igual que el blues del delta.