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viernes, 3 de octubre de 2008

Hendrik Röver. Esqueletos.

Hendrik Röver. Esqueletos.




Esta entrada va dedicada (con mucho retraso) al Sr. Mondongo, por las incontables horas de música que nos da a sus lectores habituales.
Hablamos de Esqueletos, personalísimo proyecto que ha ido poniendo en marcha Hendrik Röver, líder de Deltonos, en estos últimos tiempos. Un disco editado este año que no se está comiendo un rosco y cuya calidad e importancia es inversamente proporcional al furor que está generando en el mercado.
Hace algún tiempo Röver comenzó a escribir una serie de canciones que no encajaban en los eléctricos esquemas que manejan los Deltonos. Canciones que no necesitaban más que una guitarra acústica y una voz que les diese vida. Aparentemente más apropiadas para una noche alrededor de una fogata con viejos amigos, o para un melancólico domingo por la tarde, que para el humo y las luces de las salas de conciertos. Canciones que desgranan historias de pérdidas y de fracasos, de errores repetidos demasiadas veces, de soledades y sueños, de demasiada bebida y de batallas perdidas antes de luchar siquiera. Canciones que probablemente se disfrutan mejor en soledad. Son más pausadas, más esquemáticas de lo que nos tiene acostumbrados Hendrik Röver. Sobrevuelan los fantasmas de numerosos cantautores country los surcos de esta obra.
Una guitarra acústica acariada por un descarado slide inicia el disco y uno ya se da cuenta de que está ante una obra honesta y valiente, una obra marcada por la fidelidad a una manera de hacer música que hoy en día no cotiza al alza. Lo que viene después es un placentero viaje que discurre a través de emociones universales y cotidianas, pero todas ellas retratadas bajo la singular mirada de Hendrik Röver, que consigue dar al disco un barniz muy especial, muy personal. Hay despedidas, también hay huídas, trenes, viejos camaradas, botellas medio vacías, mala suerte y buena música. Muy buena música.
La carne y la piel que recubren los esqueletos de Hendrik Röver están hechas de guitarras acústicas, de mandolinas, banjos, órganos y algún que otro instrumento. Discreto pero intenso acompañamiento instrumental para una serie de historias que merece la pena escuchar.
No escribo más. De vuestra mano queda.

sábado, 5 de julio de 2008

Deltonos. GT.

Deltonos. GT.


DESCARGAR DISCO.


Vamos con una banda de la tierruca. Hoy traemos el que posiblemente sea el mejor disco de Los Deltonos, GT. Los Deltonos son una de esas bandas malditas que tanto han hecho por el rock español y tan poco reconocimiento han tenido. En su particular periplo musical, Hendrik Röver y los suyos se han paseado por el rock, el blues, el funk o el country con comodidad y siempre sin perder su acusada idiosincrasia. Con las ventas siempre bajo mínimos, esquivando a la justicia, mutando su formación cuando las circunstancias así lo requerían, los Deltonos han llevado hasta el último rincón del estado su potente directo cargado de electricidad y de personalidad. Por el camino han conseguido un reducido pero fiel círculo de seguidores, el respeto de la crítica y ser calificados como "grupo intelectualmente violento" por algún juez trasnochado.
En 2005, ya consolidados como una de las formaciones básicas del rock cantado en castellano, editaron este impresionante GT (título homenaje al primer disco de Steve Earle, Guitar Town). Un trabajo impecable en el que el sonido deltonos (ya marca de la casa) se escoraba hacia el rock americano, una influencia que siempre había rondado sus canciones pero nunca se había manifestado de forma tan explícita como en esta obra. Planea el blues sobre este disco, como siempre tratándose de los cántabros, pero la palma se la llevan las sonoridades country y folk. Guitarras acústicas, banjos y deliciosos pedal steels van vistiendo unas canciones que no necesitan de grandes arreglos para emocionar. Cualquiera de los temas se sostiene perfectamente siendo cantado con tan sólo una guitarra de acompañamiento. Pero los arreglos son los justos, nada recargado, todo en el lugar correcto.
La lírica de Röver sigue derrochando personalidad, narrando historias cómo sólo él sabe hacerlo. Sus obsesiones, sus circunstancias, reflejadas en trece canciones que son trece dianas, trece aciertos. Festivos por momentos, intimistas y cómplices sin forzar las canciones, los deltonos consiguieron una pequeña obra maestra que no debes pasar por alto.