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Hoy traemos otro disco de 1982. Una obra de Bob Seger, palabras mayores chavales. Uno de esos tipos a los que la historia del rock’n roll debe tanto que siempre le queda a uno cierta sensación de injusticia, a pesar de que el éxito le haya sonreído en diversas etapas de su carrera.
Hace poco Paulamule realizó una breve semblanza de este hombre así que yo no me voy a extender más en ese aspecto. Simplemente comentar un poco a grandes rasgos el disco que cuelgo.
The Distance es un álbum conciso pero profundo. Breve pero variado y vitamínico. Arranca con una pieza desgarradora, Even Now, con el pie sobre el acelerador y la voz pletórica. Prosigue con Makin’ thunderbirds, canción rockanrolera como mandan los cánones, con piano y saxofón aportando el toque de clase necesario.
Boomtown blues te noquea con su ritmo galopante y un incisivo saxo. A continuación una guitarra acústica va introduciéndote en una atmósfera meláncolica y evocadora y la voz a punto de quebrarse de Seger comienza a desgranar la conmoverdora Shame on the moon. La banda está magnífica en esta canción, acompñanado de forma discreta pero emotiva. Coros susurrantes y un piano cremoso cremoso, elementos estos dos muy típicos en las baladas de Seger, redonean una canción lenta pero inevitablemente arrolladora. Luego llega Love the last to know sustentada en un magnífico piano y la voz de Seger ¡qué voz! Aún más lenta que la anterior, consigue llevar un punto más allá el torbellino de sensaciones sugerido en la pieza anterior. Nuevamente la banda enriquece la canción con magníficos arreglos sin apenas molestar la melodía principal.
Roll me away culmina este triunvirato de emociones de forma muy especial. Desde que escuchas el tímido inicio del piano sabes que te encuentras ante una pieza única, una canción que se te va a quedar en la memoria mucho tiempo. Los instrumentos se van añadiendo a ese piano transmitiendo una urgencia, un frenesí que sin embargo no está exento de cierto dolor, de una cierta melancolía. Así, la canción va acelerando, pero sin llegar nunca a despegar, logrando junto a la ronca y desesperada interpretación de Seger un tema épico, lleno de emociones casi físicas. Puedes sentir la brisa nocturna en la cara escuchándola, ya lo creo. Tan triste como emocionante y esperanzadora.
Intentar superar la emotividad alcanzada con las tres piezas anteriores hubiera sido una locura. Toca pues, cambiar de tercio. House behind a house Es una canción de guitarrera, de ritmo pistoneante, en la que el saxofón vuelve a encargarse de transmitir urgencia y mandíbulas apretadas.
Comin’ home es una pieza lírica, meditabunda, de atmósfera muy evocadora y conseguida. Típica balada de Seger. Instrumentación exquisita, comandada como siempre por el piano y con unos coros femeninos ofreciendo un precioso contrapunto a su intensa voz. Una canción que hay que escuchar. No le hacen justicia mis palabras.
Para cerrar el disco las guitarras vuelven a sonar con fuerza. Little victories nos ofrece nuevamente el rugido de Seger siempre a punto de romperse y a la vez tan firme. Las guitarras se desbordan, la batería es casi lenta de la fuerza que contiene, y a pesar del sonido expansivo, eufórico, a pesar de esas “pequeñas victorias” la canción te deja un sabor amargo, una especie de tristeza. Será que simplemente es una canción tan agridulce como evocadora. Será que toda la intensidad del disco tiene en esta pieza su perfecto colofón, y la tristeza de piezas anteriores se cuela en esta de tapadillo. O será, simplemente, que el disco se acaba y queremos más.
